martes, 9 de julio de 2013

Cómo criar luciérnagas (Lampyris noctiluca)

Dr. Antonio Cobo Molinos


¿Qué es Proyecto Lampyris?



Proyecto Lampyris es un trabajo altruista de cría en cautividad y reintroducción de la especie de escarabajo Lampyris noctiluca (luciérnaga) en la periferia de la zona metropolitana de la monumental ciudad de Jaén, al sur de España.
Situación geográfica de la ciudad de Jaén, área de nuestro trabajo de reintroducción. Imagenes obtenidas de Google Maps y Junta de Andalucía.

Áreas de muestreo donde se observa la pérdida de adultos fértiles. Imagen obtenida de Google Maps.

Debido a la construcción de nuevas urbanizaciones en las zonas de ramblas de la capital y el uso de insecticidas en el cultivo del olivar en toda la provincia está consiguiendo exterminar a estos insectos. Hace tan solo 20 años, era muy común encontrar estos escarabajos en farolas o entre la hierba, emitiendo su fascinante luz química, pero ahora se ha convertido en algo complicado de contemplar.


CARACTERÍSTICAS GENERALES
Hembra de Lampyris noctiluca descansando
sobre una hoja seca. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


La luciérnaga (Lampyris noctiluca)

A pesar de lo que se cree, las luciérnagas o gusanos de luz, no son en absoluto gusanos sino escarabajos de la familia Lampyridae. El falso nombre de gusano se lo ha ganado gracias a la morfología inmadura que presenta la hembra de Lampyris noctiluca o luciérnaga común.

 Se caracteriza este insecto por poseer un par de antenas delgadas y articuladas en segmentos, élitros (solo en el macho) de color tabaco y un protórax modificado de forma que casi cubre la cabeza para proteger, principalmente al macho ya que posee un sentido de la vista muy desarrollado. En casi la totalidad de las especies es muy notorio el dimorfismo sexual, es decir, mientras los machos alcanzan un desarrollo completo similar al de otros escarabajos, las hembras mantienen un aspecto pseudolarvario, con élitros vestigiales subdesarrollados (no puede volar) y abdomen muy prominente.







El macho

Como ya se ha comentado, el macho adulto presenta una estructura típica de escarabajo (orden Coleoptera), dotado de un primer par de alas en estructura de élitros duros de color marrón tabaco y un segundo par de alas membranosas, también marrones oscuro, con las que vuela realmente (la palabra Coleoptera viene del griego κολεός (koleos) que significa caja o estuche y πτερον (pteron) que significa alas, es decir, insectos cuyas alas se protegen bajo un estuche gracias a los élitros duros).

Macho de Lampyris noctiluca descansando sobre una
rama de enredadera dentro del terrario del proyecto. Imagen cortesía de Antonio Cobo.



El macho posee unos ojos de gran tamaño, prácticamente le ocupa toda la cabeza, ya que él es el encargado de divisar durante el vuelo la señal luminosa de la hembra.
El tórax y protórax está adaptado a proteger la cabeza. El abdomen, de color amarillento, es delgado y en su extremo inferior se encuentra el órgano luminoso, pero en el caso del macho este instrumento lo utiliza más bien poco, ya que él en principio no debe de marcar señal alguna a la hembra.

Son torpes en el vuelo, aunque cuando despegan se alzan mucho para tener un amplio campo de visión. En tierra son rápidos e huidizos, desenvolviéndose muy bien entre los matorrales y hojarasca.

La hembra

Es todo lo contrario al macho. Su cuerpo se asemeja más a la de una larva que a la de un imago (adulto). La cabeza es pequeña, con dos ojos diminutos casi atrofiados, con el protórax similar al del macho, que le cubre la cabeza y del cual parten dos élitros atrofiados de color oscuro en forma de escamas, móviles, pero insuficientes para el vuelo. El abdomen es grande y engordado, segmentado, y de color amarillo anaranjado, en el cual podemos encontrar, en su extremo inferior, el órgano luminoso, muy bien desarrollado, amplio en varios segmentos que cruza de lado a lado la parte inferior. Cuando está activa, la hembra emite una bioluminiscencia muy llamativa que es fácil de ver por el ojo humano a más de 8 metros de distancia. Las patas son cortas y torpes, por lo que no le ayuda a desplazarse, aunque no le hace mucha falta ya que el macho es el que se desplaza en su busca.
Hembra de luciérnaga en reposo. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

La alimentación

Los adultos (imagos) no se alimentan. Al igual que pasa con muchos insectos, como es el caso de las polillas, los adultos solo tienen una misión, la de aparearse, por lo que la alimentación no forma ya un papel importante en sus vidas.
Pequeña larva recién eclosionada alimentándose de 
un caracol. Imagen cortesía de Antonio Cobo.
Por el contrario, cuando están en su estado larvario si que son muy activas a la hora de alimentarse. Las larvas de luciérnaga (Lampyris noctiluca) se alimentan principalmente de caracoles (Otala punctata). También se ha descrito la posibilidad de que se alimenten de lombrices de tierra y otros invertebrados o pequeños artrópodos.

Las larvas poseen un veneno paralizador que hace que su presa, en este caso, un caracol, se quede inmóvil mientras ella va lentamente devorándolo. Cuando las larvas salen en “manadas” a la caza de caracoles pueden depredar a la vez un mismo ejemplar por varias larvas.

El apareamiento

En el cálido mes de julio, al atardecer, cuando el sol desaparece pero aún hay luz, la hembra busca una zona sombría y tiende a trepar a una zona alta para mostrar unas señales luminosas que utiliza para atraer al macho, que patrulla la zona. La luz está producida por una reacción química entre la luciferina, sustancia luminosa natural, y la luciferasa, enzima que oxida a la luciferina. Este proceso se denomina bioluminiscencia, y produce una luz fría y brillante.

Imagen del terrario a oscuras donde cuatro hembras están emitiendo luz. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Las hembras de algunas especies son capaces de imitar los destellos de otras y atraer así a los machos, pero la Lampyris noctiluca mantiene continuamente la luz encendida sin dar destellos o ráfagas. Tan solo apaga la luz cuando se siente amenazada.
Apareamiento. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

La preparación del nido y la puesta de huevos.

La hembra una vez fecundada apaga su extraordinario farol y se esconde para realizar la puesta de huevos (en torno a unos 80-100).
Puesta de la hembra. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


Imagen de una puesta de huevos bajo una rama seca de encina en el terrario del proyecto. Imagen cortesía de Antonio Cobo.
Los huevos quedan en el nido que excava la hembra bajo un musgo o una piedra removiendo la tierra de su interior hasta que eclosionan las primeras larvas. Esto suele aproximadamente un mes desde la puesta. Los imagos se observan durante la primera quincena de julio, pudiendo prolongarse hasta la segunda quincena dependiendo de la climatología, y las primeras larvas eclosionan a lo largo de la primera y segunda quincena de agosto.


Detalle del órgano luminoso activo. 
Imagen cortesía de Antonio Cobo.
Una curiosidad es que desde el momento de la puesta los huevos ya emiten luz. La larva en desarrollo (el embrión) emite ininterrumpidamente una leve luz en el interior del huevo a partir de la segunda-tercera semana de la puesta, pudiendo ser observado el nido con un leve brillo verdoso en la noche.

Las larvas desde su nacimiento también emiten ya la luz, pero solo cuando se ven amenazadas, como un arma de persuasión para el depredado: “algo que brilla por si solo no debe de ser comestible”. Se puede decir que a lo largo de toda su vida, desde el huevo hasta su muerte, la luciérnaga tiene su órgano luminoso funcional.

Tras aproximadamente 5 mudas, las larvas entran en el estado de metamorfosis convirtiéndose en pupas que eclosionaran dando el imago adulto y totalmente desarrollado. éste periodo de pupa dura unos 11 días, emergiendo un adulto apto para la reproducción comenzando de nuevo el ciclo de su vida.


CRÍA EN CAUTIVIDAD PARA REPRODUCCIÓN Y REPOBLADO

Preparación del terrario

Lo primero es tener en cuenta que la luciérnaga común vive en zonas húmedas ya que su principal fuente de alimentación son otros animales, los caracoles.

Aconsejo que se use un terrario especialmente diseñado para animales de compañía, o bien un acuario el cual usaremos como terrario.

Terrario ya montado en una zona umbría pero bien iluminada. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Lo principal es poner un buen sustrato en la base del terrario a base de piedra (si es arcilla mejor porque aguanta más la humedad) u luego cubrirla con mantillo o tierra muy fértil y que aguante la humedad.
También podemos montar el suelo de nuestro terrario con suelo de la propia zona en la que vamos a recoger a los individuos adultos, para que se sientan como en “casa”.
Interior del terrario que imita un trozo de suelo de donde se cogieron los adultos para este experimento de repoblación. Imagen cortesía de Antonio Cobo.
Una vez preparado el suelo con la capa arcillosa y el mato de orgánica, nos dispondremos a montar la parte de la superficie. Se aconsejan tres elementos básicos:
            1. Rocas. Sobre todo si son planas, para así poder favorecer la aparición de escondrijos y posibles zonas para la puesta.
            2. Musgos. Una plancha de musgo proporciona un hábitat estupendo para la protección de las larvas a la vez que mantiene la humedad del suelo.
            3. Tronco. El tronco en sus partes más básicas proporciona protección a las larvas y en las partes más aéreas proporciona una atalaya para las hembras durante la reproducción, ya que ellas tienden a trepar para hacerse visibles.

Esquema del terrario. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Eclosión de los huevos (I)

Pasado un mes desde la puesta eclosionan los huevos.  La eclosión se produce en torno a la primera quincena de agosto aunque se puede prolongar hasta finales de este mes, por lo que podemos decir que el mes completo de agosto es el mes clave para que empiecen a eclosionar los primeros huevos.
  
Aparecen pues unas diminutas larvas de color blanco inicialmente que luego se vuelven de color negro intenso, de unos 50 mm de longitud, muy activas y voraces. Es increíble la resistencia que muestran y lo hábiles que se muestran en busca del alimento.

Larvas de Lampyris noctiluca sobre musgo en busca de caracoles para comer. Larvas en el terrario del proyecto. Imagen cortesía de Antonio Cobo.
(A) Larva recién nacida, de color blanco. Pasadas unas horas (B) la larva se vuelve de color negro (su color habitual) haciéndose casi invisible en el suelo. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Como las larvas son muy pequeñas, se aconseja que tengamos los huevos antes de la eclosión controlados, por lo que sería ideal disponer de un nido artificial.


Preparación del nido artificial:

Una vez que las hembras han depositado las puestas de huevos, estos se fueron localizando en las distintas áreas del terrario con el fin de poder ser recogidos en una especie de nido artificial, para controlar su humedad y esperar el momento de la eclosión.

La preparación del nido artificial es la siguiente:


1. en un recipiente de unos 10 cm de diámetro, limpio y sin restos de ningún agente químico (detergente, plástico o disolvente) preparamos un sustrato similar al del terrario.

Recipiente para preparar el nido artificial. Sustrato utilizado. Imagen cortesía de Antonio Cobo.
2. Una vez puesto el sustrato se humedece bien para que quede adherido al fondo del nido y para prepararlo para albergar a los huevos fecundados.

Humedeciendo el sustrato del nido artificial. Imagen cortesía de Antonio Cobo.
3. Una vez listo, se pasa con cuidado todos y cada uno de los huevos del nido original que excavó la hembra en el terrario al nuevo nido artificial donde controlaremos el estado de estos.

Huevos trasladados al nido artificial y visión del interior del nido. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Hemos procurado que los huevos no se rocen unos con otros porque hemos observado que si uno de ellos se deteriora (se ve invadido por un hongo porque el embrión haya muerto) contamina al hermano que esté junto a él.

Se aconseja no hidratar demasiado el nido, ya que este problema se incrementa. La puesta de huevos y la maduración de estos se lleva a cavo en los meses de julio y agosto, por lo que se entiende que en esos meses no hay mucha humedad ya que el calor es elevado, por lo que tan solo hay que mantener una humedad baja para evitar que se desequen demasiado.

4. Mantener tapado el nido ya que a la hora de la eclosión las larvitas podrían salirse de él y perderse. Tener en cuenta que los huevos deben de estar en presencia de oxígeno, por lo que es importante mantener una ventilación del nido. Agujerear la tapa con un alfiler o punzón fino para que haya intercambio de aire.


Nido artificial listo y preparado para la eclosión de los huevos. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


Es aconsejable mantener el nido en el interior del terrario, donde van a vivir las nuevas larvitas, ya que así estarán familiarizadas con sus características el día que nazcan. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


Eclosión de los huevos (II)

Como ya se ha comentado, como las larvas son muy pequeñas, se aconseja que tengamos los huevos antes de la eclosión controlados en el nido artificial. Por el contrario, podrían nacer en el terrario y les perderíamos la pista. En los primeros días de vida es importante controlar si comen o no, por lo que en vez de pasarlas del nido al terrario, se aconseja pasarlas antes a una zona de “guardería” donde podamos controlar su comportamiento.

Preparación del área de guardería de larvas

Una vez que han nacido las primeras larvas en el nido (hay que estar observando si ha habido eclosión por lo menos tres veces a lo largo del día para ponerlas con el alimento) las pasaremos a la zona de guardería. Esta zona de guardería es la siguiente:

1.  En un recipiente de plástico de unos 30 cm de diámetro, bien limpio y sin restos de sustancias químicas algunas, prepararemos un sustrato similar al del nido o/y el del terrario.


Preparación del recipiente “guardería” con sustrajo similar al del futuro terrario. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

2. Humedeceremos el sustrato con agua destilada para que las partículas de sustrato queden bien adheridas y no se produzcan corrimientos durante su desplazamiento.

Humedeciendo el sustrato de la zona de guardería. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

3. Una vez lista, pondremos una planta de musgo o algún resto orgánico como hojarasca, paja seca o similares, donde se puedan refugiar las pequeñas larvas. Nosotros hemos utilizado con éxito una planta de musgo libre de otros insectos, ya que la planta viva acumula humedad y esto favorecía el mantenimiento del estado del recipiente.

Planta de musgo viva para refugio de las larvas. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

4. Hidratar nuevamente el sustrato vivo o resto de hojarasca que se vaya a utilizar para mantener las condiciones de humedad. No se aconseja tampoco humedecer demasiado ya que puede producirse dos problemas:
            A- Aparición de mohos y hongos que deterioren a la planta viva y puedan afectar a las larvas.
            B- que alguna de las larvas, al ser tan pequeñas, se queden atrapadas en una gota de agua y mueran ahogadas.

Por lo tanto hidratar con moderación.

Hidratación de la planta viva en la zona de guardería. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

5. Por último, se aconseja cerrar la zona de guardería con una tapa transparente agujereada para que ventile correctamente ya que las larvas pueden trepar por el plástico y salirse del recipiente.

Zona de guardería terminada y lista para albergar a las nuevas larvas. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Evolución de las larvas

Las larvas cuando nacen en el mes de agosto tienen un tamaño de unos 0.5 cm de longitud. Crecen hasta obtener un tamaño final de unos 2-2.5 cm de longitud antes de su edad adulta.


(A) Larvita recien nacida. (B) Larva tras 4 meses de crecimiento. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Alimentación artificial en el terrario

Larvas alimentándose de un caracol vivo dentro 
del terrario del proyecto. Imagen cortesía de Antonio Cobo.
La alimentación de la luciérnaga es a base de caracoles principalmente. En la literatura hemos encontrado que parece ser que también se pueden alimentar de otros animales tales como, lombrices y otros pequeños artrópodos, aunque nosotros eso no lo hemos observado, a pesar de haberles presentado a las nuevas larvas este tipo de alimento “alternativo”.

Lo que si hemos observado es que justo después de su nacimiento son extraordinariamente voraces. Pero no hemos observado canibalismo entre ellas en ningún momento de sus fases de desarrollo como se comenta en algunos trabajos bibliográficos.

Ante la duda de la mejor alimentación de las larvas en cautividad, ensayamos diferentes alimentos crudos:

Ensayos de alimentación en cautividad

El ensayo se realizó inicialmente con la introducción en la zona de guardería de pequeñas lombrices de tierra y pequeñor artrópodos tales como colémbolos, muy comunes en suelos de humus muy húmedo y fácil de encontrar en el campo. Ninguno de estos alimentos vivos vimos que fueran depredador por las larvas de luciérnaga.

Se ensayó pues con comida muerta. Para ello usamos tres alimentos frescos:
1-     Pescado (atún fresco)
2-     Gamba fresca
3-     Caracol precocinado para cocinar

1- Observamos que el pescado crudo no fue consumido en ningún momento por las larvas. Ni fresco (recién puesto en el terrario) ni pasado varios días.

2- La gamba fresca fue comidad tímidamente por alguna larva pero fue finalmente descartada.


3- El caracol precocinado fue devorado rápidamente por todas las larvas del terrario, incluso tras tres días desde su puesta, confirmando que en algunos casos llegan a ser carroñeras (cuando hay carencia de alimento fresco).

Experimento para observar las preferencias alimenticias en cautividad de las larvas de luciérnaga. Los dos puestos con carne de caracol cocido picada fueron mejor aceptatas por las larvas que el alimento vivi o la gamba o el pescado crudos. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Varios ejemplos en diferentes días de la voracidad a la hora de alimentarse de las larvas en sus primeros estadios de vida. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

En base a los ensayos realizados se hizo un protocolo para la preparación de alimento (caracol cocido) y un método eficaz para ofrecérselo.

Preparación de alimento en cautividad

La alimentación de las larvas de luciérnaga se debe de hacer de la siguiente forma. En los primeros estadios de vida (2-3 primeros meses, hay que poner alimento fresco diariamente, ya que están en fase de crecimiento rápido y necesitan alimentarse mucho para el invierno. Durante los meses de noviembre a febrero, las larvas están parcialmente aletargadas por lo que la alimentación será cada tres días, dejando los restos por si se alimentan de la carroña. En los meses de primavera hasta verano, antes de convertirse en imagos,  se alimentan mucho, casi diariamente, ya que son muy grandes y necesitan alimento mas continuado (se las verá salir en busca de presas).

Alimentación en cautividad:

1- Antes de poner el alimento hay que humedecer mucho el terrario, como si hubiese llovido. Esta es la señal que ellas entienden como que, al llover, los caracoles habrán salido de sus escondites y es el momento de ir a por ellos a cazarlos. Por esto, las activaremos mojando todo el terrario. A los 30 minutos veremos las primeras larvas en busca de sus presas.

2- Mientras esperamos a que las larvas salgan de su escondrijo en busca de caracoles tras la “lluvia”, prepararemos el alimento.


Nosotros hemos usado caracoles que ya se venden precocinados (solo hervidos) y congelados.


Caracoles precocinados para consumo. Están congelados por lo que duran mucho tiempo en el congelador. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

3- Prepararemos un caparazón de caracol como “plato” para presentarles la comida:


A)    Usaremos una concha vacía de caracol la cual lavaremos y limpiaremos de cualquier resto químico o biológico.

Concha del caracol limpia y lista para prepararla como “plato”. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


B)    Rellenamos el hueco de la concha con papel húmedo (masa de papel) hasta cerrar completamente la apertura de la concha, así evitaremos que las larvas se introduzcan sin querer dentro de la concha y mueran.

Introducimos masa de paper dentro de la apertura de la concha para evitar que las larvitas se puedan meter dentro y mueran. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


C)    Una vez seca la masa de papel, pintamos con barniz la apertura con el papel para reforzarlo y hacerlo impermeable, ya que ahí será donde pongamos la carne picada de caracol cocido para que coman y luego se lavará para poner más comida el siguiente día.


Barnizado de la masa de papel una vez seca para permeabilizar y reforzar la zona. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


4. Una vez que tenemos listo el “plato” para la comida (podemos preparar tantos como queramos, esto depende del número de larvas y el tamaño del terrario), prepararemos la carne picada de caracol.


Para ello sacamos el cuerpo del caracol de la concha con unas pinzas y lo cortamos a la mitad. El resto lo dejamos dentro de la concha y lo desechamos ya que ahí se encuentran las vísceras del animal y las heces.

Obtención de la carne de caracol. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Picamos la carne con unas tijeras afiladas en pequeñas porciones ya que las larvas tienden a coger un trozo y llevárselo a un escondrijo para comerlo tranquilamente, aunque cuando salen en grupo a cazar suelen devorar a la presa en el mismo sitio.


Carne de caracol picada y lista para poner en el terrario. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


5. Colocamos la carne en la concha “plato” para ofrecersela a las larvas. El usar una concha como plato es simplemente para que ellas conserven el instinto de comer carne de su presa con la concha incluida, como lo harían en libertad. Si queremos, no es imprescindible usar la concha, pudiendo ofrecer el alimento sobre un trozo de cartulina desechable.


Alimento listo para las larvas. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

Alternativa a la presentación en concha del alimento. Imagen cortesía de Antonio Cobo.
6. Depositar el plato con el alimento en zonas accesibles para las larvas. Suelen andar por todo el terrario en busca de sus presas, por lo que las podemos observar y buscar los puntos estratégicos por donde suelen pasar.


Colocación del alimento en el terrario. Imagen cortesía de Antonio Cobo.

7. Observar si las larvas se alimentar, cuantas lo hacen y cual es la cantidad de alimento necesario diariamente para poder alimentarlas a todas.

Larva alimentándose en un “plato” de concha de carne picada de caracol. Imagen cortesía de Antonio Cobo.


Dr. Antonio Cobo Molinos. Universidad de Jaén
acmolino@ujaen.es